LA HISTORIA DE LA MÍTICA CÁRCEL DE CARABANCHEL

Originalmente llamada la Prisión Provincial de Madrid, quedó oficialmente inaugurada el 22 de junio de 1944. Los arquitectos fueron Vicente Agustí Elguero, José María de la Vega Samper expertos en centros penitenciarios.

Es una de las cárceles con más historia de nuestro país, una leyenda para muchos, un infierno para otros.

En 1940 se comenzó a construir con la mano de obra de 1.000 presos políticos procedentes de los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores Penados. Tras la guerra civil, la cárcel quedó prácticamente derruida y fue el general Francisco Franco el que dio la orden de su reconstrucción para albergar a los condenados de le época. Presos en su mayoría políticos o encerrados simplemente por su condición sexual.

“Dura”, es la palabra más repetida cuándo preguntamos “¿Cómo era la vida en Carabanchel?” Una cárcel en la que no existía la reinserción y simplemente se contemplaba el castigo. Una cárcel que para muchos fue un auténtico infierno, pero que con el paso de los años se fue convirtiendo en una leyenda.

Cincuenta cinco años numerosas han sido las historias que se narraron muchas de ellas escalofriantes de lo que sucedió detrás de los muros de la cárcel, acabado el régimen el perfil de los presos cambio, por allí pasaron las primeras mujeres que provenían de la clausurada cárcel de Yeserías, para luego durante los noventa ser el centro de detención donde se apilonaban lo que en ese entonces se consideraba lo peor de la sociedad, por consiguiente hubo un alto porcentaje de infecciones por VHI y drogadicción entre la población reclusa.

La cúpula central de la Carabanchel, el ojo que todo lo veía, también observó pasear por sus galerías a delincuentes más populares como El Lute o El Vaquilla. Eloy de la Iglesia nos enseñó por primera vez los aterradores cerrojazos de las celdas en 1984 en su película ‘El Pico 2’. Fernando Sánchez Dragó y Miguel Boyer también estuvieron “doctorándose en maldades en la facultad del delito” como cantó Miguel Ríos en su tema ‘El Ojo del Huracán’, en el que hablaba de sus meses de condena. El patio de la mítica cárcel de Porlier también fue el lugar en el que los ahora narcotraficantes mediáticos Sito Miñanco y los capos colombianos Jorge Luis Ochoa Vázquez y Gilberto Rodríguez Orejuela (‘Narcos’) entraron en contacto.

Decir Rosendo es decir Carabanchel. Y es que el músico que marcó a una generación quiso despedir la cárcel a su manera y el 26 de marzo de 1999 grabó en directo desde el patio de la prisión su disco ‘Siempre hay una historia’.

En julio de 2008 el Ministerio del Interior y el Ayuntamiento de Madrid firmaron un acuerdo por el cual en la superficie de la cárcel se construirán 650 pisos, un hospital, zonas verdes y oficinas del Estado. Esto no entraba en los planes de algunas asociaciones de vecinos de La Latina, Aluche y Carabanchel Alto, oponiéndose y reclamando que esos predios se destinasen a la construcción de servicios públicos; por otra parte diferentes organizaciones de defensa de la memoria histórica, de la lucha antifranquista y gentes de diversos espacios sociales y culturales conformaron una plataforma para la creación de un Centro para la Paz y la Memoria en la antigua Cárcel de Carabanchel.

El  21 de Octubre de 2008, el Gobierno del PSOE, en contra de lo prometido en campaña electoral, comenzó la demolición de la ya mítica cárcel de Carabanchel como escribe Jesús Rodríguez en su libro “Carabanchel, el derribo de la vergüenza” explica que en 1997 cuando cerró la cárcel ya habían pancartas que reivindicaban que la cárcel fuese un monumento de memoria Histórica, que el gobierno evidentemente no cumplió.

A día de hoy solo existe un complejo policial, compuesto por la Brigada Provincial de Extranjería, la comisaría de Latina y el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). Poco ha cambiado ese espacio del barrio, que sigue dedicándose a la represión. La Plataforma por un Centro para la Paz y La Memoria sigue reclamando el uso social de los terrenos y la construcción de un centro para la recuperación de la memoria histórica.